martes, junio 06, 2006

el final de los tiempos

Un violín suena en un solo desgarrador, el piano enfatiza las notas, que están alineadas en una larga serie de escalas distorsionadas, la tensión se eleva, poco a poco, los acordes ascienden hasta alcanzar un clímax casi paroxístico para luego descender abruptamente en una melodía melancólica, de tintes profundamente místicos,evocando la profunda fascinación de la Revelación.
Escucho el "cuarteto para el final de los tiempos" de Olivier Messiaen, mientras afuera las nubes se arremolinan con fuerza, descargando su furia en forma de tormenta. La música es opacada por momentos por el estruendo de los truenos y los gritos desgarradores de la gente que huye del desastre. Por todos lados hay caos, mientras las estrellas se desprenden una a una del cielo, causando en su caída un tremor que agita la tierra y la desgarra. De las grietas así formadas, surgen ejércitos de demonios enloquecidos que se dedican a arrastrar a cuanta persona consiguen atrapar hacia el centro de la tierra. Puedo escuchar los aullidos desesperados de las víctimas y las risas ensordecedoras de los victimarios.
Todo comenzó cuando hoy en la mañana, o mas bien al mediodía, un gigantesco Ángel bajó de los cielos al sonido de miles de trompetas y plantó firmemente sus enormes pies de fuego, uno sobre el mar y otro sobre tierra firme. Entonces comenzó la lluvia de ajenjo, que dejó amarga la tercera parte de las aguas e inhabitable la mayor parte del planeta.
En estos momentos el granizo se mezcla con una intensa lluvia de fuego y sangre que inunda las calles, arrastrando cadáveres y restos de casas, árboles, coches.
Las notas de la música ahora suenan con un largo y frenético solo de piano, acompañado por un violin misterioso sonando a contrapunto.
Allá afuera los cielos se abren, y un ser luminoso desciende en medio de un ejército de ángeles. El noticiero anuncia que las tumbas en los cementerios se han abierto y que los muertos caminan entre los vivos. Veo las escenas con indiferencia, entre anuncios de Coca Cola ( las televisores deben hacer negocio aunque sea el fin del mundo).
Una bestia coronada con siete cabezas y nueve coronas (no me pregunten donde lleva las dos coronas extra, aun no lo he comprendido a pesar de ver las imágenes en mi pantalla) ha surgido del océano al mando de un gigantesco ejército de monstruos que arrasan con todo lo que encuentran a su paso. Los ángeles les salen al encuentro y se enlazan en una encarnizada lucha de fuego y rayos que destruye todo lo que esta a su alrededor, asesinando de paso a la tercera parte de la humanidad a modo de "daño colateral"
Ahora la música se dulcifica de nuevo, el violín toca notas de una tristeza increíble, creando una tensión que pareciera anunciar el final del sufrimiento.
Pero afuera de mi ventana los demonios se dedican a destazar a una señora que venía regresando del supermercado y no se había enterado de que hoy era el fin del mundo (pobre, quien le manda no ver la tele). Cierro la ventana; los gritos no me dejan disfrutar la melodía.
El violín sube a notas altísimas y discordantes, para descender después en una escala dulce y armoniosa, arropada por el sonido del piano
.
Exhausto, disfruto las últimas notas del cuarteto y lo guardo en su caja. Afuera hay un silencio sepulcral.
¿Por qué tenía que ser el fin del mundo precisamente hoy?¿No se podía haber esperado al fin de semana? Tenía una cita importante el viernes y creo que después de todo este desastre, se arruinó...
Me asomo. Nada, nada ni nadie. La lluvia de sangre ha cesado, los demonios se han retirado, de las grietas no sale ya mas que un poco de humo, las estrellas finalmente cayeron en su totalidad, dejando un cielo negro, vacío.
No se oye ni tan siquiera el lamento de algún herido.
Salgo a la calle y me doy cuenta de que todo ha terminado, de que se han ido todos sin mí.
Apago el televisor que ahora sólo presenta estática: si no vuelve pronto la programación tendré que leer un libro (Y yo que acabo de pagar un año adelantado de cable). ¡Demonios! ¡Otro evento que me pierdo por pasar demasiado tiempo frente el televisor! Ya me parecía a mi que no debí levantarme esta mañana