martes, agosto 15, 2006

La cabalgata de los espectros

Surgen de la noche, al fondo de un obscuro tunel, de las profundidades laberínticas de una colina hueca o de la torre abandonada de un castillo en ruinas. Son los espectros de los guerreros que murieron en batalla con honor, pero que olvidaron antes de morir invocar el Divino Nombre.
Pasean sus presencias descarnadas por los páramos y los caminos solitarios, buscando un ser vivo que se sobreponga al terror de su aspecto mortecino y se apiade de su penar recitando una plegaria por el eterno descanso de sus almas errabundas.
Pero nadie es capaz de soportar la horrenda visión de esqueletos y cadáveres plenos de podredumbre , recubiertos de jirones de carne y vísceras colgantes, paseando a lomos de gusanos gigantescos, de enormes larvas de moscas y todo tipo de carroñeros de proporciones descomunales.

Todo ser viviente huye despavorido al encontrar la cabalgata desafortunada o muere de terror sin remedio...

Todo ser viviente menos uno, si es que viviente se puede llamar a un vagabundo errante, como ellos, agonizante por las profundas heridas que el amor le ha infringido, delgado como un muerto, pálido como un cadáver, con sus manos sangrantes a base de escarbar la tierra para hacer un agujero suficientemente profundo para usarlo como tumba...

Este caballero, que hoy sólamente nombraremos como J... acepta ayudarlos para que puedan obtener el descanso eterno que tan merecido tienen. Si, pronuciará una plegaria por ellos, pero con una condición; que primero lo arastren en su loca carrera con el viento y le muestren, a vuelo de pájaro, las tristes llanuras del purgatorio...

Sea pues..

Despues de todo...



Al final de la batalla sólo quedan los cuerpos de los valientes, las ruinas humeantes y el sentimiento de pérdida. En los cielos, únicamente los buitres revolotean, esperando que la sangre se enfríe para darse su festín. En algún sitio, alguien se proclama ganador, como si se pudiera ganar después de tanto sufrimiento.

Otra persona , mientras tanto, sabiamente pronuncia estas palabras, mientras mira la desolación que la locura humana ha dejado marcada sobre la tierra, como si fuera la cicatriz de un latigazo; "Maldición, hay que volver a empezar..."

miércoles, julio 26, 2006

¿Estas ahi?

El teléfono dió tono de llamada

Una voz dijo ;"Ella ya no vive aqui"
Respiré profundo, la voz me sonaba conocida.
Me animé a preguntar "¿Y sabe usted a dónde se fué?"
"¿A donde creés? ella es un águila errante; en estos momentos tal vez esté tomando aire en sus alas, buscando la corriente más alta, alzando el vuelo hasta donde la vista alcance..."
"Eso suena muy lejano, ¿ya no la volveré aver?"
"Solo si tu también aprendes a volar."
"Nunca voy a aprender, estoy muy viejo, muy pesado, algo cansado y tengo demasiados lastres; además hace mucho tiempo que perdí mis alas"
"Entonces tendrás que conformarte con verla pasar, allá, muy alto entre las nubes"

"Justo como la primera vez..."
La voz guardó silencio
"Odio cuando tienes razón" dije
El teléfono seguía dando tono de llamada; nadie contestó del otro lado
Colgué...

martes, junio 06, 2006

una vez mas, un espejo

Al asomarme al espejo, no encontré nada.
Volví a mirar. No; se veía una habitación que era exactamente la copia invertida de aquella en que me encontraba, los mismos muebles, la misma lámpara, pero nadie se asomaba al espejo de aquel lado. Vacía.
No se porqué no me asombré, hacía tiempo que sentía como poco a poco iba perdiendo mi reflejo, borrándome del mundo, disolviéndome en el día a día; levantarme innecesariamente temprano, encender la computadora, consultar mi correo, sacar a pasear al perro, ir al gimnasio, comer, ver el televisor hasta tarde, cenar, dormir. Los viernes (siempre los viernes) ir al cine a ver la película recién estrenada en la cartelera, para olvidarla apenas salir de la sala. De vez en cuando (una vez al mes) salir con mi pareja a comer al mismo restaurante de siempre y pedir siempre lo mismo , después de sentarnos en la mesa de costumbre...
Luego empezaron los sueños...
Sueños extraños, en los que yo era un pirata, un caballero medieval, un poderoso mago, un dragón, siempre alguien distinto. ¡y las aventuras! Seres fantásticos, ciudades increibles, mundos maravilllosos poblados de animales nunca antes vistos.
Poco a poco, los sueños se fueron volviendo más intensos, mas reales. La vida cotidiana se fué volviendo un mero trámite entre un sueño y otro, hasta que empecé a soñar de día tambien. Hacía las mismas rutinas, pero mi mente estaba en otro lado; tomaba el desayuno mientras combatía contra un monstruo de sombras en los confines de Haab, la ciudad de las columnas, paseaba al perro mientras conversaba con los sabios de Adernia, iba al cine mientras volaba convertido en un ser de luz entre las Pléyades.
Y poco a poco esos mundos se fueron volviendo más reales, hasta que aquel en el que me movía se convirtió tan solo en una mera ilusión.
Y claro, fue entonces cuando mi reflejo desapareció del espejo.
Me quedé mirando pensativo mi propia ausencia y de repente me di cuenta de que ni siquiera recordaba cómo era la persona que debíería estar ahí.¿era un mago, un guerrero, un dragón, un hombre que vive una vida aburrida?¿quien debia de estar en ese espejo?
Me volteé, libre al fin de mi realidad y me adentré sin dudar un instante en mi mundo de sueños para nunca más volver

el final de los tiempos

Un violín suena en un solo desgarrador, el piano enfatiza las notas, que están alineadas en una larga serie de escalas distorsionadas, la tensión se eleva, poco a poco, los acordes ascienden hasta alcanzar un clímax casi paroxístico para luego descender abruptamente en una melodía melancólica, de tintes profundamente místicos,evocando la profunda fascinación de la Revelación.
Escucho el "cuarteto para el final de los tiempos" de Olivier Messiaen, mientras afuera las nubes se arremolinan con fuerza, descargando su furia en forma de tormenta. La música es opacada por momentos por el estruendo de los truenos y los gritos desgarradores de la gente que huye del desastre. Por todos lados hay caos, mientras las estrellas se desprenden una a una del cielo, causando en su caída un tremor que agita la tierra y la desgarra. De las grietas así formadas, surgen ejércitos de demonios enloquecidos que se dedican a arrastrar a cuanta persona consiguen atrapar hacia el centro de la tierra. Puedo escuchar los aullidos desesperados de las víctimas y las risas ensordecedoras de los victimarios.
Todo comenzó cuando hoy en la mañana, o mas bien al mediodía, un gigantesco Ángel bajó de los cielos al sonido de miles de trompetas y plantó firmemente sus enormes pies de fuego, uno sobre el mar y otro sobre tierra firme. Entonces comenzó la lluvia de ajenjo, que dejó amarga la tercera parte de las aguas e inhabitable la mayor parte del planeta.
En estos momentos el granizo se mezcla con una intensa lluvia de fuego y sangre que inunda las calles, arrastrando cadáveres y restos de casas, árboles, coches.
Las notas de la música ahora suenan con un largo y frenético solo de piano, acompañado por un violin misterioso sonando a contrapunto.
Allá afuera los cielos se abren, y un ser luminoso desciende en medio de un ejército de ángeles. El noticiero anuncia que las tumbas en los cementerios se han abierto y que los muertos caminan entre los vivos. Veo las escenas con indiferencia, entre anuncios de Coca Cola ( las televisores deben hacer negocio aunque sea el fin del mundo).
Una bestia coronada con siete cabezas y nueve coronas (no me pregunten donde lleva las dos coronas extra, aun no lo he comprendido a pesar de ver las imágenes en mi pantalla) ha surgido del océano al mando de un gigantesco ejército de monstruos que arrasan con todo lo que encuentran a su paso. Los ángeles les salen al encuentro y se enlazan en una encarnizada lucha de fuego y rayos que destruye todo lo que esta a su alrededor, asesinando de paso a la tercera parte de la humanidad a modo de "daño colateral"
Ahora la música se dulcifica de nuevo, el violín toca notas de una tristeza increíble, creando una tensión que pareciera anunciar el final del sufrimiento.
Pero afuera de mi ventana los demonios se dedican a destazar a una señora que venía regresando del supermercado y no se había enterado de que hoy era el fin del mundo (pobre, quien le manda no ver la tele). Cierro la ventana; los gritos no me dejan disfrutar la melodía.
El violín sube a notas altísimas y discordantes, para descender después en una escala dulce y armoniosa, arropada por el sonido del piano
.
Exhausto, disfruto las últimas notas del cuarteto y lo guardo en su caja. Afuera hay un silencio sepulcral.
¿Por qué tenía que ser el fin del mundo precisamente hoy?¿No se podía haber esperado al fin de semana? Tenía una cita importante el viernes y creo que después de todo este desastre, se arruinó...
Me asomo. Nada, nada ni nadie. La lluvia de sangre ha cesado, los demonios se han retirado, de las grietas no sale ya mas que un poco de humo, las estrellas finalmente cayeron en su totalidad, dejando un cielo negro, vacío.
No se oye ni tan siquiera el lamento de algún herido.
Salgo a la calle y me doy cuenta de que todo ha terminado, de que se han ido todos sin mí.
Apago el televisor que ahora sólo presenta estática: si no vuelve pronto la programación tendré que leer un libro (Y yo que acabo de pagar un año adelantado de cable). ¡Demonios! ¡Otro evento que me pierdo por pasar demasiado tiempo frente el televisor! Ya me parecía a mi que no debí levantarme esta mañana

martes, mayo 16, 2006

el espejo roto

Se detuvo un momento a mirar el espejo, y entonces escuchó el sonido...
El espejo se había partido en dos, y cada parte reflejaba su imagen.
Sólo que al fijarse, se dió cuenta de que las dos imágenes no coincidían. Se iban diferenciando poco a poco, una un poco mas alta, la otra mas ancha, una algo mas vieja, la otra mas joven, hasta que incluso fueron de diferentes sexos.
Se quedó asombrado, mirando como sus mitades se dividían y se iban cada una por su lado a vivir sus vidas, dejándolo a él, el ser original, solo y perplejo ante un espejo vacío...

lunes, mayo 15, 2006

incomunicado

Repentinamente, todo parecía muy simple, sólo tenía que levantar el teléfono y llamar.
Lo hizo, con un ligero titubeo...Al otro lado, una voz femenina contestó ¿bueno?¿bueno? ; era ella, pero él permaneció en silencio, disfrutando su voz lejana y cercana a la vez, como si pudiera oirla decir "te amo" muy cerca de su oído.
Suspiró. La voz de ella sonó molesta "Ya , por favor, quien quiera que sea, deje de molestar, ya es la tercera vez que llama y no dice nada...". El tan solo volvió a suspirar. Ella debió de oirlo, porque de repente su tono cambió; " ¿eres tu?" preguntó. El no dijo nada, dedicado como estaba a sollozar en el teléfono. Ella guardó silencio por unos instantes, tratando de descifrar los sonidos en el auricular. ¿Estas llorando? preguntó. Pero él no contestó, tan solo se esforzó por calmarse un instante y disfrutar la voz cálida al otro lado . Ella seguía escuchando, intrigada. De alguna forma, creía saber quién se encontraba en el otro extremo de la línea.
Finalmente él se atrevió a decir "Lo nuestro es imposible". Ella lo reconoció enseguida, y sin tardanza dijo, un poco molesta y desconcertada por la situación; "Ya me tienes harta, ¿porque dices eso?"

Y entonces él contestó con una frase contundente, desesperanzadora pero profundamente realista; "porque yo soy un módem y tu una contestadora automática..."
Se hizo un silencio, mientras ella registraba la llamada en su grabación y él enviaba al CPU la información de que el protocolo de comunicación era el incorrecto. Luego ambos se despidieron con un beso y colgaron casi al mismo tiempo.

jueves, abril 27, 2006

mezcal

La tarde era tranquila, el sol cayendo a plomo sobre los tejados rojizos, donde las iguanas descansaban inmóviles, como gárgolas medievales.
Yo me encontraba tranquilamente apoyado en la puerta cuando pasó el extraño anciano: Era extraordinariamente viejo, con incontables arrugas que parecían marcar los años como los anillos de un árbol, su caminar encorvado,de tamaño pequeño como si se hubiera secado bajo el intenso sol durante décadas. Vestía calzón de manta, a la usanza antigua, y llevaba un sombrero de paja tan viejo como él.
Se acercó hasta mi de manera muy natural, como si me conociera desde siempre, y mirandome con sus ojillos como rendijas me sonrió y me hizo señas de que lo siguiera, sin pronunciar palabra.
Por alguna razón me pareció natural hacerlo, de hecho, la sensación que tenía era como si hubiera estado esperando a aquel viejo desde la primera vez que puse mis pies en aquel pueblo polvoriento.
Subimos por una escalinata de piedra muy antigua que trepaba por la ladera de la montaña, como si fuera la de una pirámide, y justo al llegar a la cúspide entramos en una pequeña choza de adobe con techo de vara de otate, muy sencilla, pero extraordinariamente limpia y bien cuidada.
El interior parecía ser mucho mas grande de lo que se veía por fuera, apenas iluminado por las velas que por cientos se encontraban repartidas por todos los rincones, esparciendo un aroma perfumado, como de copal. Al fondo de la casita se encontraba una caverna , cuyo fondo nunca pude ver y que se adentraba en la montaña. En el centro de la cueva, resguardada por imágenes religiosas, lo mismo de santos cristianos que figuritas de barro prehispánicas, se encontraba un altar, y sobre el altar una gran jarra de piedra.
El anciano tomó la jarra en sus manos con veneración y me miró con una sonrisa cómplice: Yo entendí a que se refería y extraje de entre mis ropas una jarra idéntica pero mucho mas pequeña que había encontrado al fondo del jardín de la casa, muchos años antes, cuando había visitado por primera vez aquel pueblito perdido en las montañas.
Entonces el vertió el liquido de la jarra grande en la jarra pequeña: era un líquido transparente, de aspecto espeso y cristalino, con un leve fulgor verde, como el de un diamante de buena calidad.

MEZCAL, pensé, al tiempo que tomaba la bebida con veneración y aspiraba su aroma intenso, fuerte, perfumado, a carbón, a tierra seca, a cactus maduro.

El viejo me indicó por señas cuatro pequeños vasos de alabastro preciosamente tallados que se encontraban sobre una mesa de piedra toscamente labrada.
Lentamente vertí el contenido de mi jarrita en los cuatro vasos y esperé, mirando al anciano con curiosidad.
El se sentó, en un lado de la mesa, con sus manos sujetando el sombrero, del cual surgió un resplandor. Luego, de lo profundo de la caverna salieron un hombre y una mujer. El vestía un taparrabos y un penacho de plumas muy sencillo, sujetó su copa con la mano izquierda, por lo que deduje que era zurdo, y con un gesto marcial se sentó. La mujer era de complexión gruesa, con un peinado muy elaborado de trenzas rematadas con cabezas de serpientes disecadas, y tenía un rostro hermoso y maternal, con mejillas redondas y labios gruesos. En su cuello llevaba un collar de cuentas de barro que representaban manos y corazones.

Los cuatro bebimos en silencio, llenando una y otra vez las copas, hasta quedar totalmente ebrios. Entonces me dormí.

A la mañana siguiente desperté en lo alto del cerro, al final de las escalinatas, pero ahí no había ninguna choza, ninguna cueva, ningun viejo. Tan solo un altar de piedra toscamente tallado .

Yo aún sostenía en mis manos la jarrita, vacía.

Pero lo que me comprobó que lo de la noche anterior no había sido un sueño, fué la terrible resaca...

martes, abril 18, 2006

la luna

Me siento en la terraza , huyendo del calor al abrazo de la suave brisa nocturna, mirando la noche extenderse frente a mi como un tapiz de estrellas sostenido por el solitario campanario de la iglesia.
No hay ningun ruido, ni siquiera se oye gente rezar. Esta es una noche especial, algo flota en el aire hoy, el viento lo trae en susurros, como un murmullo lejano.
De repente sucede; detras de las colinas asoma un ligero filo de luz brillante, como una espada que corta las tinieblas. Los árboles se perfilan contra él, formando un coro de sombras chinescas.
Luego el filo aumenta, convirtiendose en una cascada que inunda con su resplandor las cumbres en el horizonte, dando la ilusión de un incendio azul, como los fuegos fatuos de los cementerios, solo que mucho mas intenso.
Finalmente la luna se asoma en todo su esplendor,con el carro de la diosa Diana tirando de ella en medio de flamas de luz:
Las puertas del otro mundo se han abierto y la comitiva de la obscura Hécate se extiende por el horizonte como una jauría de espectros hambrientos.
Y en toda la noche, la única criatura viviente que presencia esta escena , el unico testigo de este espantoso prodigio,soy yo.
Me doy cuenta de ello demasiado tarde: Ellos tambien me han visto y se dirigen hacia mi, semejantes a monstruos de locura salidos de la imaginacion de algun pintor medieval, arrastrandose en el aire, aullando, extendiendo sus garras ...

A veces, en noches como esta, me gustaria no tener la costumbre de desvelarme tanto...